sábado, 10 de enero de 2015

JAPÓN EN EL ATLÁNTICO.

10 días en el Atlántico de África a América.
Pasó la Navidad sin pena ni gloria. En Japón no la celebran, sólo decoran y compran. Vamos, que se quedan con la anécdota. De hecho el día 25 trabajamos.
La Nochevieja tuvo algo más de notoriedad, pero lo que si fue muy interesante fue el Añonuevo. Los japoneses este día lo celebran mucho, desde los primeros rayos del sol. Se levantan para ver el primer amanecer del año. Yo me uní a las 8 a la fiesta del mochi y el sake. Sacaron un bidón grande lleno de sake (licor de arroz) y con mazas rompieron la tapa de madera y empezaron a servir.
El mochi es un dulce de arroz. Cuecen una variedad de arroz muy pegajoso que al machacarlo se hace una pasta como un chicle. Luego lo sirven con una salsa d alubias dulces. Es tan pegajoso y consistente a la vez, como un chicle, que a los niños no les dejan comer mochi para que no s atraganten.
La forma de conseguir esa masa pegajosa es como una celebración. Con un mortero gigante de madera y una maza se va golpeando el arroz y otra persona le va dando vueltas. Yo estuve dándole mazazos al mochi. Me dijeron que es muy interesante poder participar aquí de esas tradiciones porque en Japón, a no ser de ir a las zonas rurales ya no se pueden experimentar ese tipo de tradiciones.  
Después hubo conciertos de música tradicional, todos iban vestidos con la Yukata (la ropa tradicional de Japón). Participé en la ceremonia del té. Para cenar no sirvieron una caja con cuatro departamentos. Y una carta explicando cada cosa. Cada figurita hecha con la comida representa algo o es un deseo del nuevo año. La comida estaba hecha figuritas y era muy colorida. Me gustó verla, pero no comerla.
A partir de enero ha empezado el segundo semestre y hemos rotado el horario. Ahora doy las clases a las 8.50 y a las 14.50. Tengo toda la mañana libre para acudir a las conferencias o hacer otras cosas.
Ahora la Mizuan (invitada) que da las conferencias desde Namibia hasta Rio es Binka. Una mujer inglesa de 77 años (con vitalidad de 25) que lleva viviendo en la selva atlántica de Brasil más de 40 años.  Es la directora d Iracambi, la ONG que trabaja para proteger los bosques y las poblaciones rurales e indígenas de la zona atlántica de Brasil. Sus charlas son muy completas e interesantes, además es una mujer muy cariñosa y con mucha vitalidad.
Yo estaba preparando mi charla sobre modelos de paz y violencia en las favelas de Brasil para hacerla antes  llegar a Rio de Janeiro, pero los traductores de español son pocos y estaban bastante liados estos días y la hemos dejado para después de Brasil. La pena es que Binka iba a presentar mi charla, y ella en Rio se baja del barco así que para cuando haga la charla ya no estará.

Lo que fue muy divertido fue hacer juntos la clase abierta de portugués. Después los japonesicos se pensaban que yo tenía alguna relación directa con Brasil y no paraban de hacerme preguntas los días después sobre qué comer, donde ir, recomendaciones. Se pensaban que por haber dado la clase de portugués básico ya me sabía yo todo. Se quedaban despagaos cuando les decía que para mí era la primera vez en Brasil. 

os recuerdo que podeis visitar el blog de mi compañero de habitación para National Geographic: http://voices.nationalgeographic.com/author/jhincks/

FLAMENCOS EN EL DESIERTO

Walbis Bay, Namibia (26 de diciembre)
Walbis Bay es una ciudad decorado más, como las que otras veces he sentido que estaba en Port Aventura.  Quizá porque son lugares sin una historia forjada por sus habitantes. Son lugares que surgieron por la mercantilización en tiempos coloniales. Puertos para exportar las riquezas robadas. Por eso no hay una plaza, no hay edificios históricos, sólo hay casas relativamente recién construidas o reformadas dispuestas en una cuadrícula al lado del puerto. En el puerto las montañas de cobre y otros minerales estaban dispersas. No es un puerto de pasajeros, es un puerto de mercancías, de materias primas, de minerales.
Los taxistas se amontonaban en la salida del puerto para regatear el mejor precio. Pedían 60$ por hacer el recorrido típico, otros 40$. Al final, y con mucha paciencia lo conseguí sacar por 25$.
Nos llevaron en taxi a la duna 7. Es la duna más alta de África en el desierto de Namibia (es el desierto de la costa, no muy lejos del desierto de Kalahari).
Estas dunas son tan altas porque los aires del interior y los de la costa hacen que la arena se acumule en esa franja, creando paredes de arena gigantes.
Lo más divertido fue el descenso de la duna saltando cuesta abajo, era como estar sin gravedad.
Después con el taxi fuimos Chris, Yuri, Nodoka y yo a Swakopmund, la siguiente ciudad al norte. Es una ciudad alemana en la costa de Namibia. Es increíble ver cómo todavía hoy, después de la colonización y la independencia de estos países, siguen mandando y enriqueciéndose los mismos y siendo pobres los mismos. Aquí los jefes de los hoteles, bares, empresas turísticas o cualquier empresa de exportación, son alemanes. Y los camareros, limpiadores, etc. son los trabajos para los namibios. Qué triste que en tu propio país no tengas la oportunidad de acceder a un trabajo cualificado o a disfrutar de los beneficios que generan los recursos naturales de tu tierra.
Comimos al lado de la playa en un bar una pizza, bebimos cerveza de Namibia y después nos fuimos a ver los flamencos a Walbis Bay.

Hacía mucho calor y no había nada más que hacer, así que nos fuimos a un hotel con wi-fi a usar skype y a beber cervecita fría.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

MÁS VALE UNA MÚSICA QUE MIL PALABRAS

Los últimos días en el barco hemos celebrado el festival japonés de verano cuando pasamos el trópico de capricornio. Cantamos y bailamos canciones tradicionales, tocaron percusión tradicional, etc.
También tuvo lugar el ‘ultimo concierto de AYE en el que yo también toqué. Me gustó mucho compartir con ellos los ensayos y el día del concierto, a la gente le gustó.
Es que la música es la herramienta más poderosa para unir a la gente, más que los idiomas. No hace falta hablar para sentir. Y es lo que nos pasó a los de AYE y a mí. No hemos pasado mucho tiempo juntos porque yo estoy ocupado con las clases, y sus horarios so diferentes. Pero el hecho de ensayar, tocar juntos, hace que nuestra relación sea tan intensa como la que tienen con los traductores que están todo el día con ellos.

AYE es una asociación que dirige Bra K en Soweto. Esta ciudad está cerca de Johannesburgo y es conocida porque representa a barbarie del Apartheid. Fue una ciudad construida para negros que trabajaban en las minas de la zona.
Por lo que hasta no hace mucho ha sido una ciudad deprimida por la injusticia social del régimen que separaba a blancos y negros, desde baños hasta piscinas o autobuses. Bra K, ahora un hombre mayor, sufrió esos días, y ya de adulto decidió crear una escuela de música para que los niños y niñas de Soweto, sin oportunidades laborales ni sociales, tuvieran al menos una vía de escape y quizá una profesión.
Es lo mismo que hizo carlinhos Brown en Candeal o Márquez? (he olvidado el nombre) en Venezuela.
Las adolescentes que han venido esta vez son Momo (violín segundo), Poppy (viola), Sizelo (chelo) y Dini (viola). Cada una con una historia personal diferente pero siempre cruda.
Ahora que ya no están se las echa de menos.
Las reuniones, las clases y la preparación de clases ocupan buena parte de los días de barco.
En tres días llegamos a Namibia. Nochebuena en el mar, y navidad también , y trabajando L pero bueno, aquí es normal, nos regimos por los días que estamos en puertos como días libres, los días de barco son faena siempre. Y nunca sabemos si es lunes o jueves, sólo sabemos el numero.

Navidades en el mar pues.


Que lo paséis bien! Os echaré de menos.

CIUDAD DEL CABO, Sudáfrica (23 de diciembre)

Desayunamos a las 7:30h y después de pasar el control de pasaportes hemos ido a cambiar dinero, en Sudáfrica la moneda se llama Rand. (1 $=10 Rand).
Un taxi nos ha dejado en la base de la ruta a la leon’s head mountain a Bjorn, Alda, Jewels, Cilla y a mí. Ha sido muy bonito subir hasta allá arriba y algunos trozos de via ferrata en una vegetación nueva completamente para mí. Una vez arriba hemos disfrutado de las vistas de Ciudad del Cabo, Table mountain y Robben island, la isla que alberga la que fue (hasta 1996) la prisión donde estuvo Nelson Mandela. Incluso hemos visto dos animalillos (no sé como se llaman, pero son mamíferos roedores).
Después hemos bajado a la ciudad y hemos comido en un bar con decoraciones cubanas, una hamburguesa bien rica y una Black Label, una de las cervezas locales.
Después un paseo por Long Street, la calle principal con tiendas de segunda mano, librerías, tiendas de recuerdos, restaurantes, bares… mucha vida.
Mucha vida y la gente más guapa del mundo. Como es una ciudad portuaria y hay tanto blancos como negros, han sacado lo mejor de la genética humana vamos.
La arquitectura de la ciudad es muy interesante, es como estar en Nueva Orleans o algún lugar de esa zona. Casas holandesas con forja y madera pintadas de colores, al lado grandes edificios administrativos y todas la calles limpias.
Hemos ido a un shisha bar que regenta una mujer kurda y hemos tenido la oportunidad de entrevistarla. Es una refugiada en Sudáfrica, estudió antropología y pertenecía a un grupo de lucha por los derechos kurdos en Turquía. Tuvo que dejar el país por estos motivos y lleva 12 anos en Ciudad del Cabo.
Ha sido muy interesante y emocionante que haya compartido sus ideas y sentimientos con nosotros.
Después hemos paseado un rato más y de vuelta al barco.

Qué pena que tengamos que irnos ya de Ciudad del cabo, es un sitio del que no tenía referencias y me ha encantado. Ojalá vuelva algún día.

MAPUTO, MOZAMBIQUE (18 y 19 de diciembre de 2014)

Yo preparé la port orientation para mi equipo sobre este puerto, cada profesor prepara un informe con info básica sobre uno o dos puertos.
Así que ya conocía un poco lo que nos íbamos a encontrar, pero la ciudad superó mis expectativas, y eso que ya eran altas.
La mayoría de pasajeros se fue a Sudáfrica a un parque nacional que limita con Mozambique a los safaris. Pero los profesores nos quedamos en Maputo.
Lo llamativo de la ciudad es que es una ciudad portuaria de verdad, el puerto está en el mismo centro. A los 3 minutos andando del barco ya estabas en la plaza de los héroes mozambiqueños, con mercados, la estación de tren, y autobuses que vienen de todas partes del país. La plaza está dominada por una gran escultura en memoria de los mozambiqueños que lucharon en la I Guerra Mundial.
Hacía calor, las calles, como en la mayoría de países llenas de tierra-polvo, plásticos volando, piedras, agujeros, coches, motos… y gentes guapas con ropas estampadas en mil colores, música por todos lados (coches, tiendas, casas), sonrisas, vendedores de cualquier cosa, el cielo azul y el sol calentando.
La Baixa es la zona de la estación con los mercados y el puerto, y después la ciudad va subiendo una colina y se esparce.
Llegamos a un centro de formación juvenil/tienda/taller y ahí preguntamos a un señor por una casa de cambios, y dijo que nos acompañaba. Desde el primer momento se le veía que no era el típico que te ayuda y luego te pide dinero.
Llegamos a la casa de cambio y la cajera decía que sin pasaporte no nos cambiaba dinero. Le explicamos que éramos del barco de la paz (era el único crucero atracado en puerto, en la ciudad sabían que estábamos) que no nos está permitido sacar el pasaporte bla bla, y nada. Al final Faustino, que es como se llama el señor que nos acompañó, hizo una llamada y alguien le trajo su pasaporte y cambió nuestro dinero con su pasaporte. Después de este favor le invitamos a tomar algo y estuvimos buen rato hablando con él. Bueno, hablaba conmigo y luego yo traducía al resto.
En Mozambique hablan portugués, así que yo me divertía inventándome el portugués a través del español, y Faustino me hablaba en portugués.
Después vino su secretaria al café y nos dijo que ella nos acompañaba el resto de la mañana donde quisiéramos. Así que tuvimos guía local gratis toda la mañana. Fuimos a correos, un edificio colonial de azulejos, forja y plantas en el patio de luces. Después fuimos con ella a comer a la feira popular, una feria de atracciones en un escampado con casetas de restaurantes alrededor. Comimos guisos de carne con arroz, y un pollo a la brasa buenísimo.
Después de ahí, la propietaria del restaurante Manila se ofreció a llevarnos en coche al parque donde Peace Boat organizaba un evento cultural. Fueron en coche pero keiko y yo preferimos ir a pie.
Nos despedimos de la secretaria (se me acaba de olvidar su nombre) y fuimos caminando, al poco nos encontramos con el estadio nacional y los pabellones deportivos. Escuchábamos música y decidimos entrar. Estaban jugando a voleibol. Preguntamos a los que estaban al lado quien jugaba y resulta que era el campeonato de los países del sur de África. Jugaban la selección de Mozambique contra Zimbabue. Y los chicos con los que hablábamos eran los jugadores del Zambia. Lo pasamos genial animando a Mozambique, con las músicas que pinchaba el dj en el pabellón, la gente que animaba y bailaba. Ganó Mozambique por cierto.
Seguimos la marcha hacia el parque y se me antojó un café, y de pronto pum! cafetería italiana. Así que nos entró la risa y entramos a tomar un café y un trozo de tarta de chocolate que estaba riquísima! Ese barrio de camino al parque era de clase media-alta. Estaba el hospital, el instituto de filmografía, colegios, cafeterías bonitas.
Llegamos al parque, que por cierto las señales de los mapas del centro de la ciudad y las de ese parque estaban financiadas por AECID.
En el parque ofrecían un evento cultural de intercambio Japón -África. Vimos el ultimo concierto de AYE en colaboración con una escuela de música de Maputo, y después sólo ellos que tocaron un jazz psicodélico muy interesante.
Después del concierto me quedé un rato hablando con Mr Bra K., el director de African Young Ensemble.
Para cenar decidimos juntarnos Darren, Aurora, Chris, Jewels, Alda, Keiko y Montse y nos fuimos al mercado do peixe. Era bastante caro así que hicimos cena liquida: tres cervezas cada uno. Cerveza Mac-Mahon.
De ahí unos en taxi y Keiko, Chris y yo en un rickshaw (es una piaggio con un carromato soldado, una motoreta). El tipo conducía y al mismo tiempo iba cambiando de CD, un reggae buenísimo! Bajamos frente al cinema África porque al lado está el bar África, queríamos bailar música en directo. Y esa noche había sesión de micro abierto, o al menos era que estaban programados tres grupos.
Era una mezcla de afro-jazz-rock-folk muy divertida. Después salieron tres bailarinas, madre mía como se movían!
Bajamos al puerto a pie y en las calles no había nadie, sólo algún vagabundo y seguridades de las tiendas sentados haciendo la siesta con la cara cubierta con mosquiteras (en Mozambique hay Malaria).
A la mañana siguiente fui con Cilla al mercado general a comprar fruta, pan etc y después por La Baixa a ver los puestos. Volvimos al barco a dejar las bolsas de la compra y comí allí un bocata con tomate restregao y sardinas de lata…que bueno me estuvo! Pan de verdad.
Por la tarde fuimos a una tienda de internet, pero como yo no traigo ordenador, el chico de la tienda me dejó su portátil personal, y nos puso unas sillas en el patio del bajo. Pero el internet en Mozambique es tan lento, que no podía ni entrar al correo, tenías que esperar un mont’on, as’i que skype imposible.
Para gastar los últimos Meticais, fuimos a la cafetería continental a merendar una caracola de crema, y al barco. A las 21h Departure song, cervecitas y a dormir. En este puerto subieron al barco tres African International Students nuevos, Felix, Fernando y otra chica.  Se bajan en Ciudad del Cabo, allí dan una conferencia.

En la salida de cada puerto siempre ponen la canción de ‘this is gonna be the best day of my life’.