De mis vivencias en la vuelta al mundo por el hemisferio sur abordo del Barco de la Paz
sábado, 7 de marzo de 2015
DESCUBRIENDO EL PACÍFICO
HONIARA, GUADALCANAL - ISLAS SALOMÓN Melanesia (23 de febrero)
Fueron los colonos europeos los que dividieron el
Pacífico en las regiones que hoy conocemos: Polinesia (muchas islas),
Micronesia (islas pequeñas) y Melanesia (islas negras).
La isla de Guadalcanal pertenece al país Islas Salomón.
Nombrado así por los exploradores españoles que salieron desde Perú siguiendo
la idea de los mayas de que al oeste hay unas islas pobladas por gentes negras
con mucho oro. Cuando llegaron, pensaron que el templo de oro del Rey
Salomón descrito en la biblia se
encontraba aquí.
Al bajar del barco nos recibía un grupo de músicos
locales que tocaban flautas de Pan gigantes y unos instrumentos de percusión de
bambú también.
Nos tomamos un zumo en una cafetería cerca del puerto con
la amiga de Keiko. Keiko es una compañera del barco, su padre es japonés y su
madre de Papúa Nueva Guinea (Melanesia).
La amiga es de aquí de Guadalcanal.
Después fuimos al mercado general. Observar a la gente en
los mercados es de lo que más me gusta. Mucho reggae, pies descalzos (estamos
en una isla tropical) mucha sonrisa y esos rasgos tan de aquí que son muy
exóticos para cualquier occidental.
Creo que junto con Madagascar es el país con más pobreza
que hemos visitado.
Después fuimos a la galería de arte municipal. Había una
muestra de artistas locales y una muestra de la historia de los isleños
secuestrados para trabajar en los campos de cania de azúcar en Queensland,
Australia. Los colonos europeos, como siempre haciendo barbaridades allá por
donde van en tierra ajena.
Después visitamos en museo nacional donde aprendimos de
la historia de las islas, especialmente de cómo se vieron involucrados en una
Guerra Brutal en sus propias casas así sin querer. Una guerra entre EEUU y
Japón, que decidieron luchar en estas islas por su localización. Fue la guerra
del Pacífico en la II Guerra Mundial.
Todavía hoy se pueden ver cascos de buques de guerra semi-hundidos por
las playas de la isla.
Estuvimos un rato charlando con la mujer de la tienda del
museo y ella nos llamó a un taxi para ir a una playa que nos recomendaron. Al
lado de la carretera había puestos con barbacoas (hechas con bidones) donde
torraban pescado y pollo. Nos sirvieron en un plato-cuenco hecho con una rama
de palmera una ración de arroz y un pescado. Nos lo comimos al lado del mar en
un chambao que había.
Después de nadar y explorar la playa nos tomamos unas
cervezas SolBrew, la cerveza local.
Desde el viaje al sur de La India que no experimentaba la
otredad que viven los locales cuando ven a alguien diferente. Es esa mirada
entre la sorpresa y la vergüenza. El sentirte observado y notar que hablan de
ti simplemente porque eres diferente. Todo el mundo debería sentir lo que
significa ser minoría étnica en un grupo para después poder empatizar con esas
minorías cuando se es mayoría.
En la isla de Guadalcanal hubo en los años 2000 un
conflicto violento muy fuerte entre los isleños y sus compatriotas de la isla
de al lado que vinieron aquí en busca de una vida mejor. Los locales se
sintieron atacados porque pensaron que su estabilidad se vería afectada si se
masificaba la isla. Este conflicto hizo que el poco turismo que recibía la
isla, se acabara. Peace Boat ha sido
uno de los primeros grandes cruceros en parar aquí después del conflicto. Por
eso todo el mundo sabía que veníamos.
Al menos un puerto en el que la aglomeración que
generamos va a empujar un poquito la economía local del sector turístico.
A la vuelta, mientras el público local observaba el
espectáculo de los japonesicos comprando en los mercadillos que habían montado
para la ocasión al lado del puerto, entrevisté a un hombre que empezó una
conversación con nosotros. Era un profesor de primaria en una escuela de un
pueblo de aquí en Guadalcanal. Fue interesante hablar con él.
Al dejar Honiara tuvo lugar la última ceremonia de
despedida. Esta, al ser la última fue a lo grande, como cuando dejamos Yokohama
hace ya unos 100 días. Cava, confeti, música y baile.
Últimos días ya encaminados a Yokohama de nuevo, el viaje
se acaba y es tiempo de reflexionar, de limpiar, de abrazar a gente que
probablemente nunca volvamos a ver.
BAILANDO CON TIBURONES
BORA BORA, TAHITI (14 de febrero)
Nos recibían en la terminal de la isla unos viejitos
tocando música tradicional. Contratamos una excursión Joe, Cilla, Montse y yo. Nos
bañamos con tiburones, dimos de comer a las manta-raya, nos dimos un masaje de
arena, buceamos en el “coral graden” rodeados de cientos de peces de colores,
corales de colores eléctricos. Qué maravilla. De ahí, Aru, el conductor de la
barca, nos llevó a una isla de unos 200m2 donde vive su tío en un chambao.
Abrió una sandía y troceó unos plátanos y los comimos disfrutando de las
vistas. De ahí nos dio la vuelta a la isla principal y nos iba hablando de lo
que veíamos: hoteles de lujo básicamente. Le pregunté y me dijo que dejan en
impuestos en la isla el 20% de los beneficios. También nos señaló un cañón y un
búnker de la II Guerra Mundial. Como dijo Montse “La de mierda que ha visto esta isla”. Entre la guerra, la colonización
y las pruebas nucleares… el paraíso se llenó de mierda.
COMO ROBINSON CRUSOE
PAPEETE, TAHITÍ (13 de febrero)
De Papeete y la isla de Tahití puedo hablar bien poco
porque pasamos el día en la isla de al lado: MOOREA. Playa, bucear con los
peces de colores, y buscar, abrir y comer cocos mientras ojeábamos un libro de
tatuajes tradicionales polinésicos.
Pasamos el día con Eric, un californiano de origen
mexicano que conocimos por la calle en Papeete y se vino a pasar el día con
nosotros en este paraíso radioactivo.
EN EL PACÍFICO
De Perú a Rapa Nui tuvimos como experto invitado (mizuan)
a Sergio, un rapa nui que trabaja en el departamento de conservación de flora
del parque nacional Rapa Nui, además forma parte del grupo de avistación de
aves, del grupo de canoas tradicionales, y es miembro de la ONG Toki para la
conservación de la cultura local.
La verdad que sus charlas estaban serían más entendibles
en un congreso de flora o fauna, pero para un público general se hacían muy
pesadas. La gente estaba más interesada en aspectos culturales que no en
especies endémicas.
De todos modos el tipo era agradable y siempre un gusto
compartir con él una birra o un bol de rame.
En este trayecto ha empezado el último semestre de clases
y tengo menos intensivas (me quedan 5) y menos clases abiertas (me queda sólo
una más!). Así que tengo más tiempo libre para asistir a conferencias,
talleres, ir a la piscina, etc.
El otro día di por fin mi charla sobre tipos de violencia
y modelos de paz en las favelas de Brasil. Fue un proyecto de la universidad
que hice con mi compañero de clase Sergio para la clase ‘discursos
audiovisuales y cultura de la paz’ en la UJI.
Ahora de Rapa Nui a Papeete tenemos a Gabi (58 años), un
activista por la cultura polinesia que no explicará más sobre la historia
reciente de Rapa Nui y Tahití.
Ayer cenamos con él y el tipo es muy auténtico. Es un
lujo conocer a un personaje tan influyente en la región del Pacífico.
Fue el primer indígena polinesio en sacarse un doctorado.
Da conferencias en la ONU, ha tenido reuniones con presidentes de EEUU, con
Mandela, con el Dalai Lama.
Siempre con su
sonrisa, su pareo y sus pies descalzos (nunca lleva zapatos, ni en la
ONU). Es bastante pesimista sobre el
futuro d Rapa Nui. No entiende por qué ellos mismos se aíslan en lugar de
reconstruir sus lazos con la región polinesia, que es donde Rapa Nui pertenece
culturalmente. Nos contaba que el año pasado fue con el presidente de Nueva
Zelanda a Rapa Nui para ofrecer becas y crear una conexión con los estudiantes
para que a partir de ahora en lugar de estudiar en Valparaíso o Santiago de
Chile fueran a las Universidades de Nueva Zelanda, donde se puede estudiar la
cultura Maorí (polinesia). Dice que nadie se presentó a la reunión. Nos contaba
también cómo en cinco años en la isla los rapa nui han pasado de ser mayoría a minoría.
El gobierno de Chile quiere poco a poco ‘chilenizar’ la isla y acabar con la
cultura milenaria rapa nui. “Y ellos
mismos no se dan cuenta”.
Gabi aboga en a largo plazo por la independencia de la
isla respecto al estado chileno, y a un corto plazo por la autonomía, que
puedan tener un gobierno local.
Cada año la Isla de Pascua recibe 75.000 turistas, y los
isleños son 5000. Podrían sólo con el turismo ser independientes y ricos. Pero
el dinero se va a Chile y bien poco les retorna. “Pero a ellos les da igual, no saben ni cuánto dinero se va, ni cuanto
vuelve, sólo les interesa bailar y el ukelele”. Decía con frustración.
Nosotros le decíamos que debería buscarse un socio local,
rapa nui, para reeducar allí a los isleños, no ‘el que es un extraño para
ellos. Y que quizá con el tiempo volverían a buscar sus raíces polinésicas y
serían ellos mismos los que demandaran su autonomía. Pero no hay tiempo, el
gobierno chileno trabaja ya en la otra dirección.
Las islas de la Polinesia todavía son colonia francesa,
pero gracias a la presiones de Hiti Tau
(la ONG que fundó Gabi) ante la ONU, ésta las ha incluido en los territorios
que deberían descolonizarse en los próximos años. Gabi fue el primer activista
en organizar protestas contra las pruebas de bombas nucleares de Francia en la
Polinesia, la última fue en 1995. Como protesta quemaron el aeropuerto de
Papeete, la conexión principal de Francia con su colonia.
Los tres campos de acción de Hiti Tau son la lucha antinuclear, la independencia de la Polinesia
y la recuperación de la cultura y economía local Maorí.
Esta tarde es su primera conferencia.
Entre tanto está habiendo un montón de talleres y charlas
sobre gestión del tiempo, acortar la brecha entre tu vida ideal y tu vida
diaria, conservación de tiburones y océanos, modelos educativo alternativos en
el mundo, identidad, etc. Un lujo tener el tiempo y el espacio para poder
repensar sobre estos temas.
SOBRE RAPA NUI:
Rapa Nui es la isla habitable más remota del mundo. Chile está a 3700Km y las islas Pitcairn a
2100Km. Tiene 106 Km2 en forma triangular, y 887 Moais repartidos por las
costas de la isla.
La isla, junto con Hawaii y Nueva Zelanda forma el
triángulo polinésico.
Se calcula que los primeros pobladores llegaron en el año
900 dC a esta isla con bosques subtropicales, y el explorador holandés encontró
la isla el día de Pascua (5 de abril) de 1722 yerma y seca. Esa era la primera
vez que los Rapa Nui tenían contacto con otra cultura. Eso es lo que los ha
hecho tan auténticos: el aislamiento.
Los Moai son esculturas de unos 4 metros (el más grande
mide 21m) y pesan unas 10 toneladas, que representan a antepasados de
altolinaje de los clanes de isla. Se
asientan sobre Ahu, los altares, que pueden pesar de 300 a 900 toneladas.
La isla se dividía en 12 clanes que se repartieron el
territorio de costa a interior como un pastel. Entre clanes se competía por ver
cual tenía más moais en su territorio.
Dado el tamaño y el número de deAhu y Moais, la labor de
construirlos aumentó un 25% las exigencias alimentarias d la población durante
los 300 años de construcción principal.
Se requería alimentar a los constructores, y además se necesitaban
muchas sogas y tronco para el transporte y montaje de las esculturas.
Esto, junto con las características geográficas y
climáticas de la isla, causaron la deforestación.
Es increíble que el fervor religioso y la competencia
lleven al autosuicidio de una sociedad.
En 1838, cinco agujereadas canoas se acercaron a un barco
francés y los Rapa Nui repetían ‘Miru’.
Es el nombre de la madera con la que los polinesios construían sus canoas.
La falta de madera produjo un cambio total en los usos y
costumbres de la sociedad Rapa Nui, hasta el punto de llegar al canibalismo.
Sin canoas no podían pescar atunes.
La crisis social llevó a un levantamiento militar que
derrocó el poder de jefes y sacerdotes, y con ellos cayó la antigua religión.
Los clanes rivales, ahora en lugar de competir por
construir más Moais, se dedicaban a tumbar los d los clanes rivales.
Cuando en 1774 el capitán Cook llegó a Rapa Nui encontró
a unas “gentes pequeñas, enjutas tímidas
y pobres”. En 1868 no quedaba ni un Moai en pie. Los propios isleños
destruyeron la obra de sus antepasados.
Ahora el orden político se llevaba a cabo mediante la ceremonia del
hombre pájaro. La última ceremonia se celebró en 1867.
En 1862 un barco d esclavos peruano raptó a 1500 isleños.
En 1864 y 1870 hubo epidemias de viruela traídas por los occidentales a la
isla. En 1872 quedaban en Pascua 111 isleños. De los 30000 que hubo en su
momento culminante.
En 1870 comerciantes europeos llevaron ganado ovino a la
isla y reclamaron la propiedad de la tierra. En 1888 el gobierno de Chile se
anexionó la isla y una empresa escocesa con sede en Chile gestionó el ganado.
Confinó a los isleños en una aldea y los obligó a trabajar para la empresa a
cambio de productos, no de dinero. El suelo de la isla se sigue empobreciendo
por el pastoreo.
En los 60 la isla recobra el orgullo cultural y se
estimula la economía turística.
He explicado todo esto de las fechas para ver que
realmente los cambios han tenido lugaral final del s.XIX, y XX, hace nada. Por eso
llegar a la isla todavía hoy, es como volver a explorarla y puedes ver cómo el
trabajo de recuperación de lo autóctono todavía está en proceso y es muy
incipiente. Hay programas de reforestación, en el 2000 se empezó a enseñar rapa
nui en la escuela, se educa a la juventud en valores tradicionales, etc.
Para saber más
de Rapa Nui os recomiendo leer el capítulo 2 del libro ‘Colapso’ de
JareDiamond. El capítulo se llama “Crepúsculo en Rapa Nui”.
EL EXPLORADOR NÚMERO 3.750.000
RAPA NUI, Polinesia (5 de febrero)
{Nota: Rapa Nui es el nombre de la isla, de los isleños y
de la lengua}.
El barco estaba anclado frente a la isla el 4 y el 5 de
febrero y se hicieron dos grupos de gente para visitar la isla. Un grupo un día
y otro grupo otro día. Los voluntarios
estábamos en el segundo día. Así, que el primer día lo pasamos de la piscina al
jacuzzi con vistas a la Isla de Pascua.
La noche del 4 subió al barco un grupo de jóvenes rapa
nui. No son profesionales pero lo hacen muy bien. Tocaron y bailaron música
tradicional rapa nui en el teatro del barco. A la mañana siguiente, en el
desayuno, no juntamos con Ana y Kia. Ana nos hizo una pequeña sesión reiki con
cuencos tibetanos.
A las 11h nos tocaba bajar a la isla.
Como un explorador, como en Jurassic Park, así es como se siente uno cuando llega a la Isla de
Pascua.
Llegamos a la isla como lo hicieron los primeros
pobladores, por la playa de Anakena. La isla tiene aeropuerto, que por cierto,
ha sido bastante impactante para ellos de pronto tener ese flujo de gente. Para
bien y para mal. Turismo es l nueva espada de doble filo. Como decía, la isla
tiene aeropuerto pero no tiene puerto. Peace Boat atracó frente a la playa, y
las barcas de los pescadores venían a buscarnos para acercarnos a la orilla de
la playa.
En la misma playa de arena blanquecina las palmeras, el
sol y un altar con Moais nos recibían.
De ahí acordamos con Luis, un joven taxista local, que
por 140dolares lo teníamos con nosotros todo el día. Normalmente ese el precio
que cobran por un turista, no por cinco. Pero la gente se embelesa cuando les
contamos nuestra historia.
Fuimos Chris, Gustavo, Ian, Alda y yo de excursión por la
isla.
El lugar que más me impresionó fue la cantera RanoRaraku
donde se pueden ver Moais a mitad de esculpir, y otros medio enterrados. Es un
lugar misterioso entre mágico, por l soledad de esas caras semienterradas, y
real, como si los trabajadores se hubiesen ido a almorzar y hubiesen dejado la
faena a mitad.
Desde la cantera se ven los 15 Moais de Tongariki.
Mientras comimos una empanada gigante de atún y queso,
vimos el inicio de la competición de surf dentro del festival anual de Rapa
Nui.
Es surf tradicional, primero compiten a nado imitando a
las tortugas, y después surfean con la embarcación tradicional que es como un
manojo de cañas atadas. Los competidores, todos tatuados con motivos
polinésicos, con el moño, el tanga tradicional y las piernas untadas con barro.
Tuvimos tiempo a final del día de bañarnos en Anakena.
Volvimos
otra vez en barca al barco.PECES DE CIUDAD
LIMA,
PERU (del 26 al 29 de enero)
Llegamos a Callao, y en taxi escapamos a Lima, está a
unos 20min por la autovía de la costa verde. Nos dejó en la puerta del
apartamento de Rb&b en la calle Las Dalias de Miraflores, en Lima. A mí me
parecía estar en Miami, más que en Lima. Casinos, hoteles de lujo, restaurantes
de diseño, calles limpísimas, jardines, fuentes… Alquilamos el apartamento por 25$
cada uno los cuatro días; éramos Ian, Keiko, Jewels, Cilla, Chris y yo. Fuimos
a comer y después con Samu, el amigo peruano de Chirspaseamos al mercado del
barrio más al norte de Miraflores. Es un barrio popular, que ya tenía un sabor
más real y menos de anuncio de televisión.
Compramos fruta pa’ enterrarnos, y cada uno compró
ingredientes para preparar un plato estos días. Yo compré papas, huevos y
aceite de oliva para hacer la tortilla de patatas.
Volvimos a casa y ya sólo hicimos cosas tan normales y
que echábamos tanto de menos como hacer la siesta en el sofá con la tele
encendida sin hacerle caso. Hacer viajes a la nevera y elegir lo que quieres
picotear, sin que venga troceado y racionado en un cuenco. Conectarte a
internet sin tener que pagar 22euros la hora. Tender una lavadora en el terrao.
Nosotros, gatos de los mares del sur, ahora, en Lima
somos peces de ciudad. Qué bueno poder volver a disfrutar de la cotidianeidad!
Nos encantó volver a disfrutar de esas pequeñas cosas de la rutina del día a
día.
Por la noche Chris preparó 3 sopas para cenar (una de
quinoa, otra de coco y otra de verduras) y de pronto fue como si viviéramos
allí toda la vida. Sonó el timbre y empezaron a llegar las visitas.
Llegó Joe (mi compi de habitación) y Kay (una compañera
traductora) acompañados de Renzo, un chaval que habían conocido esa tarde en un
parque mientras hacía slack line. Al rato Montse y un amigo mexicano de
la universidad, que a su vez venía con dos amigas argentinas. Todos cenamos
sopa, y después Renzo improvisó unas rimas.
Salimos a tomar unos pisco sours por la zona del parque
Kennedy y estuvimos charlando con gente que conocimos todo el tiempo.
Al día siguiente salimos a correr por el malecón de
Miraflores y después fuimos de paseo a Barranco, el barrio bohemio de Lima. De
camino nos topamos con el Museo de Arte Contemporáneo de Lima y entramos. Había una muestra de fotos de
LaChapelle.
En Barranco fuimos a comer al restaurante de una amiga de
una amiga de Chris. El lugar al que fuimos se llama Local, y es una cafetería, tienda de ropa de segunda mano y
restaurante vegetariano- ecológico en una casona colonial. Comimos
probablemente mejor que en ningún otro lugar en el viaje. Papas a la huancaína,
ensalada de quinoa, pollo al comino, hamburguesas de lentejas y manzanilla con
miel y limón para beber.
Después fuimos en taxi a Pueblo Libre, el barrio donde
había quedado con Ingrid, una compañera peruana de Jarit (Ruzafa). El taxista
nos puso un CD de poemas musicalizados de Nicomé.
Ingrid y Raquel estudiaron en la UJI el máster de
estudios para la Paz con Eloísa, también profesora mía en la carrera. Y las
dos, después de vivir en Valencia y Castellón viven y trabajan en su Lima natal
en ONGs.
Nos llevaron a una bodega típica del barrio y estuvimos
bebiendo vino, pisco sour y comiendo tapas mientras charlábamos.
Nos despedimos de Raquel, que al día siguiente iba a la
selva a dar un cursillo a una comunidad indígena sobre resolución de
conflictos. Con Ingrid quedé para volver a vernos.
Al día siguiente cada uno hizo su marcha. Yo me fui a
visitar el centro histórico de Lima. Ignoraba que el centro fuera tan grande y
estuviera tan bien cuidado. Palacio, casonas, la catedral, conventos, iglesias.
En la comida compartí mesa en un bar de menú con un hombre del norte que había
trabajado seis años, casualmente, en un barco mercante. Comí papas a la
huancaína y seco a la norteña (carne).
Después de visitar los monumentos, alguna exposición y
pasear, a eso de las 17h llegué a la plaza San Martín, y allí me encontré con
dos grupos de debate de trabajadores. Me acerqué y estuve charlando un rato con
algunos de ellos. Me quedé un rato sentado, dibujando, viendo a la gente pasar,
y al rato ya llegó Ingrid. Paseamos por algunas calles donde hay grafitis y
después fuimos al bar del hotel de la plaza San Martín a tomarnos el que según
dicen, es el mejor pisco sour d Lima. Por cierto, este hotel desde hace años es
una cooperativa de trabajadores, como los casos de Buenos Aires que me contaba
María de empresas recuperadas por trabajadores. Además, en ese hotel Joaquín
Sabina compuso el tema ‘peces de ciudad’.
De vuelta a casa, teníamos visita de otros compañeros
(Akino, Satoko, Kristin, Remco, Moe y Kenta). Había un montón de comida y
bebida.
A la mañana siguiente fui al Museo de la Nación, en el
mismo edificio que el Ministerio de Cultura, que me recordaba a los edificios del
Southwalk de Londres, a ver la
exposición: ‘Yuyanapaq, para recordar’ (quechua, español). Es una muestra de
fotoperiodismo de los años del terrorismo en Perú. Del 80 al 2000. De cómo las
ideas de Sendero Luminoso tiñeron de sangre de indígenas los campos peruanos, y
en Lima, sin saber nada. Hasta que los regueros de sangre les mojaron los
camales. Después llegó la dictadura de Fujimori, y ahora de nuevo un gobierno
democrático.
A la vuelta el taxista me preguntaba por España, yo le
dije que estaba bien jodida.
En casa cociné la tortilla de patata, hicimos las
mochilas y para Callao en un sueño colectivo. Nada más llegar me eché a dormir
la siesta. Al rato venga sonar el teléfono y yo entre mí pensaba ‘qué pesaos,
que me dejen estar’.
Luego, al final la puerta. Abrí, y estaba Remco y Eiko y
me dicen “Carlos, el barco no se puede ir hasta que no devuelvas el pasaporte
en recepción”.
Liada: se me olvidó devolver el pasaporte antes de las
18h, y eso que llegamos a las 16’30, pero me fui a dormir. Eran las 19h, y los
de inmigración tienen que poner los cuños de salida del país, luego se bajan
del barco, y después zarpamos. Pero faltaba mi pasaporte. Normalmente no
sacamos los pasaportes, pero como esta vez eran cuatro días. Por eso se me
olvidó.
No sé si es que no era para tanto, o no era el único, o
ya se han acostumbradoa mi reloj relativo, pero no me han regañao ni
penalizado.
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