Buenos Aires,
Argentina (9 de enero)
Abrazos en la terminal de pasajeros del puerto de Bueno
Aires… ¡María!
Fuimos por la calle Florida a cambiar dinero (1$-12pesos).
Me parecía estar en la calle preciados de Madrid. Cruzamos la diagonal y me
parecía estar en la Vía Laietana de
Barcelona. Llegamos a la plaza de mayo.
Visitamos por encima la catedral, el cabildo, la casa rosada y lo pañuelos de
las madres de mayo pintados en el suelo.
De ahí pasamos por el café London, donde Cortázar
escribía. Nos tomamos por la zona un Quilmes (la cerveza de Argentina) y unas
empanadas.
Paseamos por las calles y nos encontramos con ‘el mercado
de la resistencia’ y de fondo sonaba Sabina. Ya me sentía como en casa. Qué
emoción escuchar a Sabina y saber que la gente que lo está escuchando también
lo está sintiendo. Es la primera vez desde que salí en avión de Madrid que
estoy en una sociedad donde entiendo todo lo que se dice y cómo s dice, donde
puedo hablar sin pensar, escuchar la música y emocionarme y bromear sabiendo
como reaccionarán los que escuchan.
El mercado se llamaba así porque eran vendedores
callejeros que fueron expulsados de las calles por el gobierno d la ciudad.
Gracias a su perseverancia consiguieron que el nuevo gobierno local les ceda y
pague el alquiler de ese bajo en el centro de la ciudad, y ellos poder vender
sus artesanías.
De ahí nos despedimos de mis compañeros y me fui con
María a descubrir su Buenos Aires.
Pasamos por el Congreso, y llegamos a las librerías de la
calle Corrientes. Almudena Grandes,
Javier Marías, Cortázar y otros autores se mezclaban por las estanterías. María
me regaló un libro de César Aira.
Me da la impresión de que aquí la gente ama la lectura,
se cuidan mucho a sus autores y hay librerías y puestos d libros de segunda
mano por muchas calles.
De ahí nos fuimos a casa
a preparar la comida. Por fin una comida casera, un sofá de casa, ¡todo de
casa!
Conocí a María José, una de las compañeras de piso María y comimos los tres junticos.
Después cogimos las bicis
y nos fuimos los dos a dar vueltas por Palermo hasta llegar a los bosques de
Palermo, así se llaman los parques de la zona.
Me encantó descubrir la ciudad en bici. La bici le da un
ritmo a la ciudad muy especial. Pasamos por tiendas de ropa de segunda mano,
tiendas de hispters, bares muy modernos. En los parques la gente corriendo,
patinando bajo un sol alegre.
Volvimos a dejar las bicis y dimos un paseo por el
barrio, que tiene unos bares y cafés muy bonitos. Nos tomamos un helado de dulce
de leche. Me compré un choripán para
cenar en el barco y nos fuimos en subte al obelisco. De ahí un taxi al puerto. Le enseñé el barco
a María en 10 minutos y nos abrazamos.
Me sentí tan cómodo en Buenos Aires que también quiero
volver.

Qué guay Carlos!!! Estás viviendo un sueño. Un besooooooooooo!!!
ResponderEliminarYolanda