Rio de Janeiro,
Brasil (5 de enero)
A las 5.30h ya estaba en la cubierta para ver el amanecer
en la bahía de Rio de Janeiro. Binka nos lo recomendó. Fue bonito ver salir el
sol y como iba dibujando las montanas, y al fondo el cristo sobre el monte
corcovado.
Nos despedimos de Binka en el barco, ella volvia a su
casa en las montanas. Pasamos el día Ian, Chris, Jewels y yo. Como en
Mozambique, fue muy divertido inventarme el portugués a través del español.
Fuimos en taxi al centro histórico. Las calles empedradas, las casitas de
estilo colonial, la gente caminando por las calles. Fuimos al café Colombo, un
café de la ‘época colonial que parece sacado de alguna avenida parisina. Es un café
de 1894 decorado con espejos gigantes, todo tallado en madera, las mesas de
mármol y forja. Y es donde los locales van a tomarse el cafezinho. Después
paseamos por el centro, tomamos unos zumos de mango, entramos a algunos
mercados e iglesias.
Cogimos un taxi y nos fuimos al barrio de Santa Teresa.
Un barrio muy bonito por donde pasa el tranvía. Hay muchas tiendas-talleres de
artesanos, tiendas de música, cafeterías y bares con estilo. Tomamos una
cerveza Colorado y conocimos a una viajera suiza que estaba recorriendo
Sudamérica.
Hacía calor y ya nos apetecía bajar a la playa.
Copacabana: una playa urbana de arena blanca, rodada de montanas con una
vegetación exuberante. El paseo marítimo tenía muchos hoteles y bares, como
todos los pasos marítimos vaya. Nos compramos unos zumos de assai y unas
napolitanas y coxinhas y fuimos a la playa.
Las olas eran muy altas y venían con fuerza, la corriente
era muy fuerte, así que nos dimos un chapuzón en la orilla y jugamos un poco,
pero daba respeto. Esas olas en el Mediterráneo no existen. Nos tomamos unas
caiprinhas de fruta de la pasión (están mucho más ricas que las de lima).
Qué casualidad que en la playa nos encontramos con otros
compañeros del barco. Pasamos la tarde ahí en la playa.
Después volvimos a separarnos n los mismos grupos y
nosotros fuimos en metro al centro de nuevo. No tomamos una cerveza y decidimos
ir hacia el puerto pie explorando el
barrio del puerto. Si ya nos había encantado la ciudad, después d conocer este
barrio ya no nos queríamos ir. Casitas bajas, muchos bares, calles empedradas.
Muy similar al centro, pero sin turistas.
Nos sentamos en el bar ‘armazém 04’ de una placita bien
chula (Largo São Francisco da Prainha, 4 - Saude, Rio) Tomamos unas empanadas y unas cervezas. Hablamos con los de la mesa de
al lado y nos dijeron ‘pasaros ahora por la calle de al lado que vamos a poner
música’. Y eso hicimos. Ya falta poco para carnaval, y las comparsas quedan en
los bajos para ensayar o reunirse. En la calle, los bajos estaban abiertos y
todos servían caipirinhas. Habían puesto música. Un poco más al fondo donde ya
empezaban las calles arriba seguía habiendo bajos de casas abiertos, gente en
la calle bebiendo, preparándose para bailar y pasarlo bien. Qué pena no haber
podido disfrutar de todo eso. Teníamos que volver al barco para irnos ya a
Buenos Aires.
¡Espérame Rio que algún día volveré!
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