La noche del 12 al 13 estábamos tomando una cerveza en la cubierta y planeando la excursión a un parque nacional a unas 4 horas de Toamasina para pasar la noche y hacer rutas. Y de pronto me empezó a doler la barriga y empecé a sentirme mal.
Me fui a
la habitación, me dejé la mochila preparada y me fui a dormir, pero me pasé la
noche haciendo viajes al baño. A la mañana siguiente fui al desayuno para
hablar con los compañeros y decirles que no iba a poder ir a la excursión. Me
sentía débil, tenía fiebre y seguía yendo al baño demasiado.
Aún así,
me reconcomía por dentro saber que estábamos en Madagascar y yo malo en el
barco, así que me uní al otro grupo de compañeros que iba a pasar el día por
Toamasina. Nos metimos en el bus y fuimos del puerto al mercado general. No me
vino nada bien tantísima calor, como una ponentá,
y el mercado con los olores de las carnicerías, gente por todos lados, muchos
niños pobres y madres con bebés pidiendo, polvo. y a los 20min me fui a la
parada del bus y me volví al barco. De por sí La ciudad requiere estar bien
para poder afrontar la pobreza y el calor, y yo que tenía fiebre y no tenía
fuerzas, fue una perspectiva deprimente que al día siguiente conseguí calibrar.
Me pasé
el día entero durmiendo por el barco. En mi cama, en los sofás, en las tumbonas
de cubierta. No tenía fuerzas de nada, ni hambre (qué raro!).
Por la
noche, cuando llegaron los otros compañeros nos juntamos todos en la habitación
de Alda y Key, ellos bebiendo ron y yo en un rincón durmiendo.
Al día
siguiente me desperté como nuevo, fue un virus de 24h, que después lo ha ido cogiendo
toda la plantillas, días de hasta 4 compañeros patas arriba.
Nos
juntamos Key, Cilla, Bjorn, Jason y yo y nos fuimos a Ivoloina, un centro de conservación de animales a 50min de
Toamasina. Nos costó más de una hora encontrar y negociar un taxi que nos
llevara y nos esperara para volver, pero al final, de los 60$ que nos pedían
por ahí, conseguimos negociar 7$ taxi y 8$ la entrada. (El tour que organizaba
la agencia de viajes del barco costaba unos 150$).
Fue muy
bonito hacer ese pequeño viaje en coche y ver casas, gentes, árboles, motos…
Llegamos y al principio me decepcionó porque lo primero que vimos fue 4 lémures
en jaulas tipo zoo, pero luego fue muy bonito hacer rutas por los senderos
viendo la vegetación tan exuberante y los sonidos de la selva. Después un par
de horas de ruta, sólo habíamos visto lagartijas, pero de pronto un grupo de
lémures apareció y se quedó unos minutos por los árboles de alrededor. Son muy
graciosos en sus movimientos, y parece mentira que de un cuerpecito tan pequeño
emitan esos sonidos de jabalí.
Volvimos
Toamasina y nos fuimos a un restaurante a comer pizza, coca-cola, helado y
café. Compré a un vendedor callejero un instrumento tradicional de Madagascar,
se llama falía. Es una caña de bambú
gorda, con cuerdas metálicas dispuestas alrededor, un arpa cilíndrica más o
menos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario